una, tres o cinco cosas a propósito de

Las Propias: Apuntes para una pedagogía de las endeudadas

  1. “La cuestión es de posición y relación.” Quien se dispone a reseñar es el compañero de vida de la autora de la obra bajo consideración. Con una mano, pongo las comillas a la cita introductoria y con la otra le sobo la cabecita al niño que tenemos juntos. El libro es Las Propias: Apuntes para una pedagogía de las endeudadas (Editora Educación Emergente, 2018) de Ariadna Godreau Aubert. Y la cuestión es la vida en Puerto Rico en tiempos de crisis y deuda y austeridad. La cuestión es que resulta urgente precisar a quiénes les toca vivir bajo la condición de endeudas [en femenino], mientras otros se reparten los protagonismos y privilegios de macho-gobernante, o macho-bonista, o macho-policía, o macho-experto, o macho-opositor, o macho-imperialista. Habemos muchos machos-reseñistas también y como la autora ya nos ve venir, cierra su libro con el motivo que lo anima: “Actuar, para que no me teoricen.”
  2. Se puede leer Las Propias como tres inventarios entrecruzados: el del marco jurídico, social y político que legitima la opresión de las mujeres en Puerto Rico en tiempos de la Junta de Control Fiscal; el del quehacer activista desde los márgenes de la abogacía, y desde el cuerpo que ocupa forzosamente los espacios donde es violentado, precarizado y desposeído a diario; y el de aquellas personas—según llamadas por sus nombres del amor en estas páginas: mamá, compañera, jeva, niña, animalita, vieja, estudiante, cría, queer, precaria, trabajadora, desocupada, negra, mujeres—a las que la autora se debe, con quienes se identifica y a quienes llama desde el “poder gestor la rabia.” La cuestión, dice Ariadna, es de posición y relación y en este libro esto significa tomar partido a favor de las más vulnerables, no ceder ante los intentos de cooptación del estado o de terceros bienintencionados, virar patas arriba la mesa del consenso y de los buenos modales (del patriarcado, del colonialismo) según servida. Ariadna escribe: “Mientras escribo este artículo, me salto una comida con un grupo de personas que trabajan por los derechos humanos desde distintos espacios y países. Hay algo de compartir la mesa para hablar sobre intervenir en el hambre de otras que me da escalofríos. No es que no lo haga, pero lo advierto y lo evito. Ante eso, prefiero el hambre, la mesa vacía. Aunque sea en la palabra.”
  3. Este libro—en su renuencia a sonar/leer como un texto académico, en su junte particular de escritos desde los diversos espacios que habita la autora como abogada comunitaria, activista feminista, hija, profesora, revoltosa, amiga y sobreviviente, en su pulsión por abordar la vida aquí en los términos de la vida misma, rehuyendo de dogmas, agendas y slogans— recuerda a Sister Outsider de Audre Lorde. Lorde, de hecho, anticipa el tipo de pedagogía que Ariadna ensaya en estas páginas: “There are people who can give chunks of information, perhaps, but that was not what I was about. The learning process is something you can incite, literally incite, like a riot.” Estos apuntes de Ariadna son para una revuelta [en femenino] tanto pedagógica como política, cruzando lo público y lo privado, fundamentada en y al rescate de “nosotras que no nos debemos a nadie, en las propias, con, sin y a pesar de los tiempos de austeridad.” Sentarse a leer estas páginas es sentirse convocada o señalado, dependiendo de la posición y relación de quien lee. La escritura de Ariadna es un agite anunciado. Es imposible leerla y no salir en busca de alguien con quien compartir la lectura, o compartir una pancarta en protesta, o compartir un café para hablar de la lectura y la protesta, y del país que es posible imaginar desde cada una. Juntas. Dice la autora: «Hacer compañía es más que estar o aparecer, es disposición a trabajar para construir iniciativas con bases fuertes, con respeto, lealtad e intensidad compartida.»
  4. Desde María, Puerto Rico y sus múltiples crisis son trending topics en juntes, juntas y juntillas de intelectuales. Antes del huracán, todas las voces expertas eran de machos locales. Ahora, la cuestión es más inclusiva, pero todas las voces expertas están afuera. Uno supone seguirlas por Twitter.  Y agradecerles su interés y portavocía. Afortunadamente, Ariadna aquí les sale al paso: “A lo que llamo es a advertir entre nosotras la reproducción de estructuras de cobro: de que no impongamos un deber ser y luego salgamos a cobrarles a otras (nos/otras) cuando no cumplen con ‘lo pactado’.” No sé si la cita cabe en un tuit, pero conviene taguear a quienes le aplique.
  5. Entonces la ternura. Ariadna, de la mano de Anjelamaría Dávila, escribe: “Si se puede, quisiera encontrar en la escritura un modo de ser, en medio del acabose y del despertar, una mejor animal. Una animal favorita. Una animal colectiva, capaz de llamar a otro animal y hacerle compañía.” ¿Quién más escribe así aquí? Ciertamente ninguno de nosotros [en masculino]. Y mucho menos dentro de los contornos de un análisis crítico, decolonial de la deuda del gobierno de Puerto Rico y de la Junta de Control Fiscal, con perspectiva feminista y de derechos humanos. En ese sentido, este libro marca un hito en nuestro quehacer literario, activista e intelectual. Es también una propuesta de futuro: Ahora,  ¿cuántas más escribirán así?

[Todos los sábados– y algunos miércoles– colgamos por aquí comentarios en torno a literatura local que—nos parece—se deja leer con particular urgencia desde nuestro momento actual.]

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